Aprovechando que el viernes pasado hizo un año del día que partí hacia París para comenzar mi Beca Erasmus he decidido que sería una buena ocasión para escribir un epílogo y contar cómo van las cosas. En efecto, hace un año que convencí a una empleada de Vueling en la T4 para que no me cobrara los 6 kg de sobrepeso, que llegué al Aeropuerto Charles de Gaulle, que me monté en un taxi que me dejó en la ruina aunque me fue recorriendo París de norte a sur con sus edificios decimonónicos, sus tabacs, sus boulangeries, sus brasseries y sus anchos bulevares trazados por Haussmann, todo ello en un premonitorio día gris y lluvioso... Un compañero de residencia francés me guió hasta mi cuarto. Un cuarto amplio y luminoso que daba sensación de vacío sobre todo a quien acababa de llegar a un país extranjero. Enseguida llegó Dioni y me explicó cómo iban las cosas, me llevó al Crous tras comprar mi primera Carte Orange, conocí a la mayoría de los que me acompañaron el resto del año y fuimos a la Cité a mi primera fiesta con la excusa de las clases de salsa. Al día siguiente me desperté en mi cuarto vacío sin persianas ni cortinas pero como la gente estaba en clase y yo no tenía nada que hacer me quedé un buen rato en la cama pensando: ¿y ahora qué? Por la tarde tocó ir al Ikea con Franco (el Ikea estaba muy lejos) y volver tan cargados que dejamos pasar algún que otro autobús porque no veíamos cómo íbamos a compaginar entrar en un autobús en el que había más personas con transportar todo lo que llevábamos encima. Llegué un poco reventado a la resi y me perdí el momento "Don't Look Back In Anger" en la Financiere. Y hasta aquí recuerdo de mis primeros días. En cuanto a lo que ha pasado desde el 29 de junio hasta ahora, lo resumo en varios partes:
Attention à la marche
en descendant du train
jueves 2 de octubre de 2008
domingo 6 de julio de 2008
Canción de cierre: The Heart Asks Pleasure First / The Promise - Michael Nyman
Antes que nada: ¡Qué grande Rafa! Federer también, pero Rafa más, por lo menos hoy.
Con esto y los papeles que ya he llevado a Sevilla queda cerrado todo lo relativo a la Erasmus. Para irme acostumbrando a la vida normal hay que ir poco a poco, así que en septiembre volveré a París con Cuco para recoger el equipaje que tuve que dejar allí, ver algunas cosillas que quedaron en el tintero, saludar a los argentinos, ir al concierto de Coldplay y si puede ser darle un último uso a la 12/25 visitando Giverny, donde están los nenúfares que pintó Monet. También intentaré aprovechar que Salva se va a Polonia de "Erasmus" para hacer un interrail polaco-austríaco-húngaro, pero antes tendré que decidir que hago con mi vida y esas cosas... Y antes aún, a ver si puedo ir a Estocolmo en agosto que tengo allí casa libre gratis aunque no lo acabo de ver claro...
viernes 4 de julio de 2008
Paris me manque
Primero, tres momentos claves en que uno se viene abajo cuando se vuelve de la Erasmus:
- Cuando el avión despega y te das cuenta de que se acabó.
- Cuando te bajas en Madrid y escuchas que todo el mundo habla en español.
- Cuando vas en autobús por Sevilla y te das cuenta de que Sevilla ya no te gusta.
Y ahora las cosas que yo echo de menos:
- Echo de menos que la panadera se ría de mí cuando le pido algo.
- Echo de menos poder usar la Imagine-R cuando me monto en el transporte público.
- Echo de menos estar a 26º. (vuelvo donde lo dejé que me encontré a Charli en la estación de autobuses porque el mundo es así de pequeño y caprichoso)
- Echo de menos las pelouses que me daban alergia en la Cité, en los Jardines de Luxemburgo, en Montsouris, en el Museo Rodin, en Champs de Mars, en Versalles, en Fontainebleau, en Estrasburgo...
- Echo de menos estar moreno en mayo y junio y que Carmela me diga lo moreno que estoy cada vez que la veo.
- Echo de menos que no me cobren el establecimiento de llamada, poder usar el buzón de voz y llamar siempre que quiera porque me sale más rentable que mandar un mensaje.
- Echo de menos los picnics en Pont de Arts.
- Echo de menos dar un paseo y sufrir el síndrome de Stendhal.
- Echo de menos hablar a voces diciendo barbaridades porque nadie me entiende (o eso se supone).
- Echo de menos escuchar hablar argentino.
- Echo de menos patear el balón de rugby.
- Echo de menos las Lays sabor barbacoa y la Coca-Cola Cherry.
- Echo de menos los crêpes de al lado de la Rue Mouffetard.
- Echo de menos quejarme de la cerveza aguada en la Happy Hour del Hide Out.
- Echo de menos echarle cara a la vida con el pretexto de que soy Erasmus.
- Echo de menos que nadie responda a mis correos en grupo de propuestas para viajes de fin de semana.
- Echo de menos viajar mucho.
- Echo de menos que comunicarme sea un reto y la satisfacción que produce cuando ves que vas mejorando.
- Echo de menos hablar en español metiendo palabras francesas españolizadas y que los demás me entiendan y me sigan el rollo.
- Echo de menos inventarme una palabra y quedarme esperando a ver si el francés me ha entendido (es decir, si existe esa palabra).
- Echo de menos que la gente no te mire si vas vestido raro.
- Echo de menos que en el control del aeropuerto el de seguridad se ponga a hablar conmigo de fútbol y me diga que él va con España cuando me están avisando de la última llamada para montarme en el avión.
- Echo de menos no pensar en el futuro.
- Echo de menos bailar en grupo la Macarena en un vagón de metro y conseguir que los que lo ocupan hagan la ola.
- Echo de menos el olor a neumático gastado después de frenar del metro.
- Echo de menos permitirme dejar pasar el metro o el bus porque sé que el siguiente está al llegar.
- Echo de menos salir de noche y al volver pasar por el Arco del Triunfo, Notre Dame, el Puente de Alejandro III o la Torre Eiffel.
- Echo de menos estar en la calle, darme la vuelta, alzar la mirada y ver la Torre Eiffel iluminada.
- Echo de menos vivir en una ciudad donde siempre pasan cosas y en la que me puedo plantear qué me voy a poner para el funeral de Yves Saint-Laurent.
- Cuando el avión despega y te das cuenta de que se acabó.
- Cuando te bajas en Madrid y escuchas que todo el mundo habla en español.
- Cuando vas en autobús por Sevilla y te das cuenta de que Sevilla ya no te gusta.
Y ahora las cosas que yo echo de menos:
- Echo de menos que la panadera se ría de mí cuando le pido algo.
- Echo de menos poder usar la Imagine-R cuando me monto en el transporte público.
- Echo de menos estar a 26º. (vuelvo donde lo dejé que me encontré a Charli en la estación de autobuses porque el mundo es así de pequeño y caprichoso)
- Echo de menos las pelouses que me daban alergia en la Cité, en los Jardines de Luxemburgo, en Montsouris, en el Museo Rodin, en Champs de Mars, en Versalles, en Fontainebleau, en Estrasburgo...
- Echo de menos estar moreno en mayo y junio y que Carmela me diga lo moreno que estoy cada vez que la veo.
- Echo de menos que no me cobren el establecimiento de llamada, poder usar el buzón de voz y llamar siempre que quiera porque me sale más rentable que mandar un mensaje.
- Echo de menos los picnics en Pont de Arts.
- Echo de menos dar un paseo y sufrir el síndrome de Stendhal.
- Echo de menos hablar a voces diciendo barbaridades porque nadie me entiende (o eso se supone).
- Echo de menos escuchar hablar argentino.
- Echo de menos patear el balón de rugby.
- Echo de menos las Lays sabor barbacoa y la Coca-Cola Cherry.
- Echo de menos los crêpes de al lado de la Rue Mouffetard.
- Echo de menos quejarme de la cerveza aguada en la Happy Hour del Hide Out.
- Echo de menos echarle cara a la vida con el pretexto de que soy Erasmus.
- Echo de menos que nadie responda a mis correos en grupo de propuestas para viajes de fin de semana.
- Echo de menos viajar mucho.
- Echo de menos que comunicarme sea un reto y la satisfacción que produce cuando ves que vas mejorando.
- Echo de menos hablar en español metiendo palabras francesas españolizadas y que los demás me entiendan y me sigan el rollo.
- Echo de menos inventarme una palabra y quedarme esperando a ver si el francés me ha entendido (es decir, si existe esa palabra).
- Echo de menos que la gente no te mire si vas vestido raro.
- Echo de menos que en el control del aeropuerto el de seguridad se ponga a hablar conmigo de fútbol y me diga que él va con España cuando me están avisando de la última llamada para montarme en el avión.
- Echo de menos no pensar en el futuro.
- Echo de menos bailar en grupo la Macarena en un vagón de metro y conseguir que los que lo ocupan hagan la ola.
- Echo de menos el olor a neumático gastado después de frenar del metro.
- Echo de menos permitirme dejar pasar el metro o el bus porque sé que el siguiente está al llegar.
- Echo de menos salir de noche y al volver pasar por el Arco del Triunfo, Notre Dame, el Puente de Alejandro III o la Torre Eiffel.
- Echo de menos estar en la calle, darme la vuelta, alzar la mirada y ver la Torre Eiffel iluminada.
- Echo de menos vivir en una ciudad donde siempre pasan cosas y en la que me puedo plantear qué me voy a poner para el funeral de Yves Saint-Laurent.
- Echo de menos hacer el tonto por las calles de Londres.
- Echo de menos París, ser un parisien y pasar por sitios a los que los turistas de corta estancia no llegan.
- Echo de menos a mis amigos...
Por contra, no echo de menos ni el Louvre, ni el Noctilien, ni las nubes, ni el invierno de Centroeuropa. Además, no todo es malo, allí echaba de menos la comida de casa y ya la tengo, echaba de menos a mi familia y ya la veo, echaba de menos el colchón de mi cama y escribo sobre él, echaba de menos saber que iba a ver el sol todos los días y lo veo, echaba de menos mi tele gigante y medio la disfruto (aunque no mucho) y echaba de menos a mis amigos de España y ya he estado con ellos. Y hasta he entrado en la Escuela pensando que hace más de un año que no piso sus sótanos, que no voy a tener que hacerlo nunca más y que la próxima vez que vaya será para recoger el resguardo del título!
- Echo de menos París, ser un parisien y pasar por sitios a los que los turistas de corta estancia no llegan.
- Echo de menos a mis amigos...
Por contra, no echo de menos ni el Louvre, ni el Noctilien, ni las nubes, ni el invierno de Centroeuropa. Además, no todo es malo, allí echaba de menos la comida de casa y ya la tengo, echaba de menos a mi familia y ya la veo, echaba de menos el colchón de mi cama y escribo sobre él, echaba de menos saber que iba a ver el sol todos los días y lo veo, echaba de menos mi tele gigante y medio la disfruto (aunque no mucho) y echaba de menos a mis amigos de España y ya he estado con ellos. Y hasta he entrado en la Escuela pensando que hace más de un año que no piso sus sótanos, que no voy a tener que hacerlo nunca más y que la próxima vez que vaya será para recoger el resguardo del título!
Del **** del día (parte... cuatro?)
Ya estaba esto demasiado triste así que hoy cambio el tono. Os pongo en situación, estábamos en el Pont des Arts en mi despedida de París en esa noche en la que sólo dormí una hora y de repente se nos acerca un hombre vestido como ahora vais a ver que dice ser de Sevilla aunque nadie fue capaz de localizarle un acento de ninguna zona de España. Sólo sabíamos que hablaba igual que Sara Montiel. Parecía que podía ser español porque hablaba perfecto y se sabía las cosas de España, pero desde luego una parte grande de su vida la había pasado fuera (en Londres según él). El tío, además de tirar dos petardos al lado nuestro, nos comentó lo que pensaba de Zapatero, de Franco, de alguna famosa casposa de nuestro país y nos mostró cómo interpretaba él nuestra música. Dentro vídeos:
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